Leila Slimani, una escritora de antiheroínas que no cree en los monstruos

París, 16 jun (EFE).- Cuesta pensar que de una sonrisa infantil y una mirada dulce han salido monstruos, pero todo resulta enigmático en Leila Slimani, premio Goncourt 2016, cuya atracción por la perversión esconde una confianza inquebrantable en el ser humano: “No creo en los monstruos”, dice en una entrevista con Efe.
Antes de empezar la entrevista, Slimani dice que prefiere ceñirse a hablar de literatura: “Es un error que un escritor se convierta en comentarista”. Pero como todo es política, al final no se contiene.
Comprometida con la defensa de los derechos sexuales en Marruecos y madrina de una asociación de reinserción de prisioneros en Francia, Slimani (Rabat, 1981) ve en la cultura y la educación la herramienta para recuperar a los marginados.
“No creo en los monstruos, no creo que debamos dejar a la gente vivir fuera de la sociedad. Siempre hay que intentar atraerlos de nuevo hacia nosotros”, dice esta creadora de ogros literarios.
Louise, protagonista de la escalofriante novela “Canción Dulce”, que le valió el Goncourt en 2016, la liberó. Aquella niñera miserable, solitaria e incomprendida, que asustó a los padres del París más “bo-bo” (bohemio-burgués), le valió un premio que le ha permitido seguir escribiendo de lo que le ha dado la gana.
Porque Slimani presume sobre todo de ser una mujer libre. Y no es solo que lo diga, es que se ve.
Su discurso es tan tajante como las palabras que dan forma a sus antiheroínas: primero vino Adèle, la madre primeriza de “En el jardín del ogro” que escondía una salvaje adicción al sexo que la llevaría hasta la perdición.
Después Louise, que puso rostro al clasismo y la desigualdad en la vida doméstica y también acabó en tragedia (“El bebé ha muerto”, es la primera frase de “Canción Dulce”).
Pero Slimani, que acaba de sacar en Francia “El país de los otros. La guerra, la guerra, la guerra” (primera parte de una trilogía homónima que en España publicará Cabaret Voltaire), defiende a sus antiheroínas. Las defiende con su propia obra que sigue un hilo claro, deslenguado e instigador.
“Me fascina el individuo, la vida doméstica. Cómo las mujeres son alienadas y aplastadas por la maternidad, el matrimonio, por lo que se espera de ellas. Me fascina la dificultad de las mujeres para ser egoístas”, dice en la terraza de un bistró parisino, adonde llega con las bolsas de la compra (tiene que llevar sus zapatos al zapatero).

EL PAÍS DE LOS OTROS
Su nueva novela ha conseguido resistir al confinamiento. La editorial Gallimard la publicó días antes de que Francia impusiera las restricciones sanitarias que mantuvieron al país en pausa, pero el libro no se ha bajado de la lista de más vendidos en tres meses.
En español, Cabaret Voltaire debía publicarla en septiembre, pero la crisis también ha retrasado la salida hasta febrero.
El libro recupera la aventura de sus propios abuelos maternos, ella alsaciana, él marroquí, combatiente en el ejército colonial durante la Segunda Guerra Mundial. Se conocieron durante el conflicto en Francia, se casaron y se trasladaron a Marruecos.
El resto es una ficción sobre la familia en un país dividido que busca su independencia, con el fondo de la decepción del matrimonio, e incluso de la familia.
“El país de los otros es ser un extranjero en tu propia casa o país. Es un sentimiento que conozco bien, crecí en Marruecos teniendo la sensación de representar los valores de una minoría: el laicismo, el derecho de los homosexuales, el aborto, pero también me sucede en Francia. A menudo me siento en una posición de marginalidad”, explica.

LA GUERRA, LA GUERRA, LA GUERRA
Si ella no quiere hablar de actualidad, la actualidad la persigue. Hace unos meses no podía saber que el título de la primera parte de esta trilogía tendría un eco tan potente en el presente.
“La guerra, la guerra, la guerra” hace referencia a la frase inicial del personaje de Escarlata O’Hara en “Lo que el viento se llevó” y es para ella un guiño al papel de las mujeres en la guerra, que viven hasta en el interior de sus casas.
Setenta años después de su estreno, la película está siendo revisada por presentar desde un prisma bondadoso la esclavitud.
Antes de acabar la entrevista y encontrarse con su madre -una de las primeras médicas en Marruecos-, la escritora recuerda que la primera vez que vio el filme, sus padres le contaron que Hattie McDaniel (la inolvidable Mammy) fue la primera mujer negra en ganar un Oscar, pero tuvo que sentarse aparte y esperar en un pasillo separado antes de recibirlo.
La novela es también una de sus favoritas: “Odiosa por dar una visión angelical de lo que es la esclavitud, pero moderna en el personaje de O’Hara”.
“Todos los libros necesitan un contexto o nos contentaríamos con decir que Voltaire es un islamófobo y no podríamos ir muy lejos. Si la lectura fuera únicamente un juicio moral, habría que retirar la mitad de nuestras bibliotecas, pero no somos fascistas”, defiende.
La joven estrella de las letras francesas, que intenta evitar los inflamables debates en redes sociales, responde como si el mundo no funcionara a golpe de “tuit”. “Cuando no somos fascistas contextualizamos, reflexionamos y separamos la belleza de la ideología. Este debate es la prueba de que no lo somos”, dice. EFE

Publicado por la Agencia EFE.

Ochenta años después, Dunkerque no puede recordar su hazaña

María DValderrama
París, 4 jun (EFE).- El confinamiento por el coronavirus ha dejado a Dunkerque (norte de Francia) sin celebrar el 80 aniversario de la evacuación de los soldados aliados, la hazaña popularizada por la película de Christopher Nolan, que ha ayudado a la ciudad a reapropiarse de su historia.
Los actos de conmemoración iban a contar este año con la llegada de 77 barcos ingleses de pesca y ocio, que participaron en la evacuación de más de 220.000 soldados británicos, 120.000 franceses y belgas, pero el desfile marítimo ha sido pospuesto a 2021.
Ningún miembro de la familia real británica ha podido personarse en la localidad como se esperaba, y nadie ha recuperado el traje de época para recordar a los soldados que escaparon y perecieron bajo las bombas nazis entre el 26 de mayo y el 4 de junio de 1940.
Tan solo una pequeña comisión de las autoridades locales y el embajador británico participaron en la colocación de una corona de flores, el pasado 27 de mayo, ante el monumento a la llamada “Operación Dinamo”.

EL EFECTO NOLAN
Era una fecha señalada para recordar la gesta sobre la que franceses e ingleses aún están divididos: la película “Dunkerque”, del británico Christopher Nolan, no sentó especialmente bien en Francia, donde criticaron que su rol había sido edulcorado.
“A nivel cinematográfico, es una buena película. A nivel histórico, es una película escrita por los británicos y solo ofrece la versión inglesa, y a nivel de Dunkerque me decepcionó que pese a la inversión en los decorados se vieran edificios actuales”, comenta a EFE Olivier Vermersch, historiador de la ciudad.
Según el experto, la película contribuyó a que los vecinos se reapropiaran de una historia que, frente al honor con el que se recuerda en Inglaterra, en Francia fue víctima de la propaganda del régimen colaboracionista de Vichy, que denostó a los ingleses por dejar en tierra a muchos franceses.
“Algunos soldados intentaron embarcar con los británicos y fueron violentamente empujados al mar (…) Hubo acontecimientos trágicos entre ambos y eso fue utilizado por Vichy. Todavía persiste en algunas mentalidades”, dice Vermersch.
Tras la guerra, el 80 % de Dunkerque, que perdió a miles de ciudadanos en los bombardeos, quedó arrasado. La Liberación y los veinte años que siguieron fueron un momento para reconstruir la ciudad y la economía, y solo a partir de los años 70 empezaron a volver la vista atrás hacia aquel acontecimiento.

OPERACIÓN DINAMO
Winston Churchill la calificó de milagro. El por entonces primer ministro tan solo confiaba en poder repatriar a unos 50.000 hombres, por lo que los resultados superaron cualquier expectativa.
Churchill creía que gracias a aquella batalla “al menos no habían perdido” la guerra.
En mayo de 1940, las tropas alemanas consiguieron acorralar a los franceses e ingleses en la frontera entre el norte de Francia y Bélgica. Con el objetivo de defender Reino Unido, siguiente objetivo para los nazis, el país organizó el regreso de su ejército para hacer frente al enemigo.
Gracias a la intervención de una flota de hasta 850 barcos, entre ellos numerosos barcos de pescadores e incluso aficionados, más de 330.000 hombres fueron rescatados.
Asediados durante nueve días por la “Luftwaffe”, la fuerza aérea alemana, cerca de 12.000 aliados cayeron en la batalla con un sufrimiento añadido: cuando los alemanes consiguieron atravesar las divisiones de defensa que los habían retenido en los alrededores, ya solo quedaban franceses en la playa, cerca de 40.000 fueron convertidos en prisioneros de guerra.
“Actualmente, intentamos demostrar que la calidad del combate de la división encargada de la defensa, principalmente francés, tuvo un rol esencial. No se dejó ganar y combatió hasta el final. La prueba es que frenaron a los alemanes durante tres o cuatro días”, recuerda Vermersch.
Aún así, y aunque el éxito del filme de Nolan no ha contribuido a agrandar el orgullo patrio en Francia, la película despertó el interés de muchos por la ciudad, que sintió un “boom” turístico en los meses que siguieron al estreno.
El mismo museo Dunkerque 1940 Operation Dynamo vio como la afluencia pasó de un centenar de visitas diarias hasta 600, en un 80 % de público extranjero.
Ahora, la ciudad portuaria espera que 2021 sea menos turbulento de lo que está siendo 2020 para poder recordar por todo lo alto aquella histórica y milagrosa hazaña. EFE

¿Quién escondió el amor entre María Antonieta y el conde sueco?

París, 2 jun (EFE).- En las últimas horas de María Antonieta, una figura se alzó con especial fuerza en su vida: el conde y militar sueco Axel de Fersen. Su fidelidad lo marcó como uno de los más leales aliados de la decapitada reina, pero una sombra se alza aún, doscientos años después, sobre su relación. ¿Eran o no amantes?
Si bien la ciencia aún no ha encontrado la fórmula secreta para viajar en el tiempo y despejar con total veracidad esta incógnita, la duda queda hoy más lejos gracias al estudio de un grupo de científicos franceses que ha analizado con la tecnología más puntera las cartas entre la reina, esposa de Luis XVI, y el sueco.
Fersen, que tuvo también una muerte trágica (fue linchado y lapidado por el pueblo sueco en 1810 en medio de una crisis), había sido objeto de rumores en vida de la reina, tras conocerla en 1779 en un baile de la Ópera.
Les unió un trato casi familiar y fue, especialmente en los últimos años de vida de los reyes, un miembro cercano, un favorito.
Él se encargó de organizar la fallida fuga de Varennes y para ello no dudó en colarse en el Palacio de las Tullerías, donde los monarcas vivían prácticamente en condición de reclusos.
Pero su figura trascendió al trágico final del matrimonio, especialmente cuando las cartas entre él y María Antonieta de Austria vieron la luz a finales del siglo XIX, publicadas por el sobrino nieto del militar.

EL MISTERIO DE LAS TACHADURAS
Comenzó entonces una encarnizada batalla intelectual entre los que dieron por hecho que era el amante de la reina y quienes, defendiendo la virtud de la austríaca, lo dejaron en un romance platónico y en ningún caso carnal.
¿La razón de la duda? Las cartas habían sido censuradas y decenas de tachaduras impedían ver ciertos pasajes. Curiosamente, las partes capadas se encontraban al inicio y al final de estas misivas políticas, como si alguien hubiera intentado ocultar la relación privada que los unía.
Las 15 cartas analizadas por el equipo del programa Rex II, financiado por la Fundación de Ciencias del Patrimonio y con el respaldo de los Archivos Nacionales, dueño de estas misivas fechadas en 1791 y 1792, han pasado dos procesos que ayudan a despejar la incógnita.
Los análisis, iniciados en 2014, fueron abandonados dos años más tarde cuando comprobaron que para leer las capas de la escritura -el texto y la parte oculta- hacía falta un proceso más innovador.
La respuesta llegó con un escáner 2 D XRF que permite separar las distintas tintas en función de la presencia de elementos metálicos, como cobre o zinc, usados en la época.

¿HUBO O NO ROMANCE?
Ese escáner permitió al fin ver los fragmentos censurados y acabar en parte con la discusión de generaciones y generaciones que han tratado de descifrar esas cartas.
“Toda vuestra persona está ligada a mi existencia”, lee uno de los investigadores, Fabien Pottier. La carta escaneada acerca más que nunca a la tesis de una relación romántica.
Más difícil es, en cambio, confirmar que la relación fue física, como apostaba Stefan Zweig en la biografía que escribió de la reina, donde acusaba a los descendientes de Fersen de haber participado en la corriente de puritanismo que censuró la relación para defender el honor de la reina.
“Estos pasajes muestran una clara cercanía, pero no constancia de una relación física. Son frases que, con nuestra visión actual, nos parecen claras, pero no es que sea necesariamente comprometido llamar a alguien ‘mi querida y tierna amiga'”, dice a EFE una de las investigadoras, Anne Michelin, del Centro Nacional de Investigación y Museo Natural de Historia Natural.
Las cartas ayudan también a comprender mejor a sus personajes: ella, cuya escritura evoluciona en este convulso período; él, reputado por su meticulosidad, ahora se revela tan entregado como para rechazar una oferta del rey sueco y seguir así cerca de ella.
“No quiero estar atado. Verla, amarla y consolarla es todo lo que deseo”, le escribe, en un extracto que revela “Le Monde”.

EL CENSOR
Si no era el objetivo de la investigación, el análisis ha logrado acabar con el misterio sobre quién ocultó las partes románticas.
Si bien de esas 15 cartas siete eran de María Antonieta, los científicos han comprobado que cinco de ellas habían sido transcritas por Fersen, ya que la reina las mandaba cifradas.
Al separar las dos capas de tinta, el famoso escáner muestra que el componente de la tinta del texto y de los tachones no solo tiene las mismas proporciones de metal, sino que fue añadido poco después de la transcripción de las cartas.
“Hay una concordancia que permite pensar que fue él mismo quien censuró una parte de sus cartas. Nuestra hipótesis es que era Fersen quien lo hizo y que había cierta información que no quería que otros vieran”, comenta Michelin.
El resultado de la investigación debía haber sido difundido en marzo, cuando el grupo quería establecer contacto con los suecos, que guardan buena parte de las cartas, pero el confinamiento por el coronavirus ha retrasado el proceso.
Esas cartas, un mechón del cabello de la reina y un reloj con las iniciales de ambos fueron los únicos objetos que guardó el sueco. Agarraba en sus puños el reloj y ese mechón el día que lo mataron, veinte años después, en las calles de Estocolmo. EFE

Publicado por la AGENCIA EFE el 2 de junio de 2020.

Frédéric Bazille, la juventud perdida del Impresionismo

Publicado en El Mundo, el 30 de agosto de 2016.

Tan solo ocho años duró la carrera artística de Frédéric Bazille (1841- 1870). La fugacidad de su vida y su escasa obra le han alejado del gran público que hoy alaba los Nenúfares de Monet y las escenas de la vida cotidiana retratadas por Renoir sin saber que Bazille fue tan imprescindible en la vida de éstos como lo fue a los inicios del movimiento impresionista. Montpellier, su ciudad de origen, muestra por primera vez en Francia una retrospectiva de su obra en el Museo Fabre, que llegará en noviembre al Orsay de París y en 2017 a la National Gallery of Art de Washington.

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Resucitar a través de un libro, Infolibre.

“Resucitar a través de un libro”, publicado en InfoLibre el 10 de julio de 2014.

La escritora Irène Némirovsky murió en el campo de concentración de Auschwitz en 1943. En su tiempo, su prolífica obra disfrutó de un gran éxito, especialmente en Francia –en cuya lengua escribió-, pero fuera del país galo quedó relegada al olvido. Sus hijas conservaron durante cincuenta años los cuadernos que su madre había escrito en Auschwitz creyendo que eran notas personales, pensamientos demasiado dolorosos para ser releídos. En los años noventa se decidieron a donar todo lo que tenían de ella a un archivo y, al leer el cuaderno, descubrieron que era una novela: Suite Francesa. En 2004, la novela de Némirovsky salió a la luz y con ella, la fama de la autora despertó de un largo letargo. Y no, no ha sido la única.

¿Qué necesita un autor olvidado para ponerse de moda? Posiblemente, la recomendación de algún famoso, una historia de azar como la de Némirovsky o la arriesgada apuesta de una editorial. Pedimos a algunos editores que nos hablen de historias de olvido y resurección, como la de la autora judía, y son muchos los nombres que salen a relucir.

(…) Lee el artículo completo en InfoLibre.

Jack, Kurt y la delgada línea roja

Cuando tenía 15 años conocí a Jack. O bueno, mejor dicho, pagué por él. Jack era mi iPod, uno de aquellos Product Red tan bonitos. Pedí que le grabaran por detrás su nombre -Jack-, y una frase: “Music keeps me alive”. La gente se reía por estas cosas (ya se sabe que los adolescentes se ríen de los demás por cualquier cosa), pero a mí me parecía muy lógico que “lo que me mantenía con vida” tuviera nombre. Qué menos.

Jack contenía toda la música que me ayudó a ser mejor cuando era adolescente. Música con la que aprendí más, más cultura, más inglés, más actitud ante la vida y más ese “me la suda todo” que te da escuchar rock 24 horas al día y que te aleja de las inmundicias de la adolescencia. Sí, yo era de esas personas a las que sus padres no paraban de decir “niña, quítate ya los cascos que te vas a quedar sorda”.  Todo el tiempo. Guns n’ Roses, Led Zeppelin, Queen, Oasis, Rolling Stones, System of a Down, Johnny Cash, Nirvana… Mientras más antiguos (y más muertos), mejor.

Ahora paso mucho menos tiempo escuchando música y, por supuesto, Jack murió. Estos años, quizás ocho ya, me han servido para ver que mi melomanía era mi forma de salir de un mundo que no me gustaba nada; era mi forma de luchar por no cruzar esa delgada línea roja que separa el quién quieres ser del quién quieren los demás que seas… A veces, aunque fuera durante un par de horas, volvería a escucharles durante toda la tarde para volver a alejarme y reencontrarme, como hacía entonces.

El mundo sigue siendo igual: la gente sigue siendo igual de egoísta, igual de gilipollas.

Aunque sigue habiendo maravillosas excepciones, por muy lejos que estén.

 

Gracias Kurt, por mantenerme a ese lado de la línea.

 

The greatest but most violent moments in cinema turned into animation drawings

My first article in Cultnoise Magazine! Enjoy it 🙂

It’s funny how we sometimes try to protect children from fictional movies classified as R-rated, preventing them from becoming violent or precocious in any way or form. By shielding them from watching movies that could hurt their feelings. Unfortunately, by doing so we keep them away from some of the greatest films of all time.

We swap stories of murder and bloodier parts for a much kinder approach, with euphemisms such as “he passed away”, while we cover their eyes, and we’d better not to talk about the steamy scenes. I even have a friend who recalled that when he was a little boy he felt uncomfortable watching Simba and Nala (yes, from The Lion King) rolling together in the jungle in front of his parents, in that Can you feel the love tonight moment.

Probably being aware of this, Josh Cooley, artist from Disney’s studios Pixar, turned some of the greatest (but most aggressive) moments of our cinema into animated drawings that would help us to show kids how great our favorite film is. The GodfatherPsychoA Clockwork Orange, Goodfellas,Fight Club or Pulp Fiction are just some of the twenty five classics converted to amusing illustrations suitable for all audiences. The designer has gathered all the pictures in the book “Movies R fun”, available on Amazon.

 

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¿Es el mundo un lugar más seguro ahora que durante la Guerra Fría?

(Trabajo publicado en La Lupa Digital el 11 de febrero de 2012)

El enfrentamiento que tuvo lugar entre 1945 y 1991, entre las dos potencias del momento, EEUU y URSS, conocido como “Guerra Fría”, alcanzó niveles de crisis política, tecnológica, militar, cultural e incluso económica, pero ninguno de los dos bloques llegó a tomar nunca acciones directas contra el otro. El motivo de esta situacion de no-ataque venía de que ambos paises sabían que la ofensiva al enemigo, con el uso del armamento nuclear podría llegar a suponer la autodestrucción, ya que los niveles de alcance eran muy elevados.

Como ejes influyentes de poder en el contexto internacional, cada potencia integraba a una serie de paises aliados, con lo que el ataque a uno suponía la respuesta de alguno de sus “socios”. De esta forma ambos bloques permanecieron durante casi cincuenta años inmoviles, pero continuamente coaccionados ante las presiones enemigas y llevando los enfrentamientos a otros territorios.

Antes de empezar con la comparación de la seguridad, para hacernos una idea de lo que podría haber sido la tercera guerra mundial (y además nuclear), hago referencia a un dato oficial. Al final de la Segunda Guerra Mundial, con la bomba atómica que Estados Unidos lanzó sobre Hiroshima y Nagasaki, murieron en apenas unos segundos 150 mil personas, otras 280 mil quedaron heridas, traumatizadas o con secuelas, incluso sus descendientes. Ni siquiera en los peores antentados terroristas actuales, los lúgubres 11S o 11M, se han producido un número igual de victimas. Es decir, la amenaza nuclear podía dar lugar, en pocos instantes, a millones de muertos, heridos y graves secuelas durante años. La amenza terrorista es permanente y continua pero su poder de destrucción en cada atentado es muchísimo menor.

El siglo XX, fue el de la guerra a muerte entre lo que podríamos llamar “sociedades libres” y los totalitarismos fascista y comunista y según ésta misma comparación, el siglo XXI será el de la confrontación entre el terrorismo de los movimientos fanáticos (nacionalistas y religiosos) y dichas “sociedades libres”.

Por una parte, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta la caída del Muro de Berlín, el miedo de la población hacía referencia a la amenaza nuclear del bloque enemigo, pero como he dicho antes, un ataque supondría la respuesta del enemigo y a fin de cuentas la autodestrucción, era una amenaza muy grande con demasiada destrucción como para llevarse a cabo. Quizás uno de los momentos de mayor crisis, o los que más han trascendido hasta nuestros días, son la famosa “Crisis de los misiles” y “el Bloqueo de Berlín”. A pesar de ésto, todo quedaba aquí, en miedo y sensación de inseguridad, por supuesto una inseguridad que de haber recibido los ataques esperados hubiera supuesto la destrucción de gran parte de la sociedad.

En la actualidad, las medidas de seguridad cada vez son mayores (al menos de cara al público) y éstas llegan a tal extremo que hoy día rozan el ridículo, pero lo hacen porque tras los acontecimientos de los últimos 10 años, no es exagerado decir que la paranoia se ha adueñado de muchos civiles.

El atentado del 11 de Septiembre, con la caída de las Torres Gemelas de Nueva York, es al siglo XXI el comienzo de una situación, como la Caída del Muro de Berlín en 1989 fue el final de otra. Desde entonces, está en la mente de la mayoría de los ciudadanos occidentales que aquel ataque a la mayor potencia mundial fue el comienzo de una serie de atentados en los que ninguna ciudad puede quedar librada. Es decir, ya nadie pone en duda, que así como ha sido posible volar lasTorres Gemelas y el Pentágono el día de mañana un comando suicida puede hacer estallar, en cualquier rincón del mundo, un artefacto atómico que cause un millón de muertos.

Así ha sido durante éstos últimos años, como hemos podido ver en los atentados de Londres, Madrid, en el caso de Occidente, y en India, Marruecos y otros países en vías de desarrollo, cuya seguridad no ha acaparado la atención de los medios tanto como Occidente, a no ser que el atentado llegase a límites mayores.

En cualquier caso, en la actualidad, vemos que la principal amenaza para la seguridad es el terrorismo, ya sea por organizaciones religiosas o nacionalistas. Así que, aunque como decía antes la capacidad de destrucción sea mucho menor, la frecuencia con la que los atentados son llevados a cabo y la forma en la que cualquier medida de seguridad tomada por los distintos gobiernos es bulnerada de diez maneras distintas por los terroristas, me atrevería a afirmar que el mundo era en buena parte más seguro en la época de la Guerra Fría que ahora. Al menos los distintos gobiernos sabían en base a qué habría una reacción y sabían como evitarla en buena medida, en su propio terreno.

Puede que tratar el tema desde esa visión y esta forma de exponer los argumentos, tenga poca perspectiva de futuro, pues estoy teniendo en cuenta que han pasado 20 años desde el fin de la Guerra Fría y sé que no pasó nada, ya que lo que dicen en los libros es que durante esa época, “todo estaba parado”, “nadie movía ficha”. Pero lo cierto es que durante cuarenta años se llevaron a cabo numerosas operaciones de espionaje, se planearon nuevas armas y nuevas formas de destrucción, y las confrontaciones entre ambas potencias se hicieron a través de diversos países, como es el caso de Corea y Vietnam, donde murieron miles de civiles y soldados (lo que supuso una gran crítica al gobierno estadounidense). Siendo esta la situación, era más fácil sentirse inseguro y dar casi por hecho que algo acabaría pasando, y algo mucho más grave que la mayoría de los atentados terroristas que vivimos en la actualidad.

Sin embargo, también habría que tener en cuenta que en aquel momento había países excluidos de las tensiones, o más bien, países que tomaron la decisión de no intervenir en el conflicto, entre ellos España, que aunque vivía en situación difícil con respecto a la política nacional, a partir de los sesenta comenzó a estabilizarse. La prueba es que la mayoría de las personas que vivieron entonces siempre recurren a frases como “antes no había tanta inseguridad en las calles”, por supuesto, las dimensiones y el tipo de seguridad es distinto, pero al fin y al cabo viene a ser lo mismo. Y lo cierto es que, como digo, en otras medidas, con respecto a la seguridad de la calle, las estadísticas empeoran: hay más robos, más violaciones, numerosos asesinatos, etc.

También me gustaría resaltar la importancia de los medios en ésta cuestión, pues muchas veces se hace eco de noticias alarmantes que no llegan a realizarse y que suponen una sensación de inseguridad y miedo muy fuerte para la ciudadanía, como fue el caso de la famosa gripe A, de la cantidad de personas que dijeron que morirían a las que han muerto realmente hay una diferencia abismal (de 500.000 a 18.000), y así en una serie de cuestiones (atracos, terrorismo, asesinatos, enfermedades, sucesos de bandalismo…) que hacen que la población sienta mucha más sensación de inseguridad con respecto a lo que ocurre en el mundo.

Hace poco, Gregory Treverton, vicepresidente del Consejo Nacional de Inteligencia entre 1993 y 1995, declaraba en El País, “el terrorismo islámico, no es una amenaza existencial, como lo era la guerra nuclear con la URSS, pero es la cuestión de seguridad más importante por el factor azar. Pueden golpear en cualquier lado, en Atocha, Londres o Estados Unidos.” Esto me ayuda a explicar mi idea; el terrorismo no alcanza la magnitud de daño de una guerra nueclear a primera instancia, pero por otros factores, como es el caso de no saber donde van a atacar, la amenaza se multiplica, creando un ambiente de paranoia en ocasiones caótico.

 

Teniendo en cuenta éstos distintos aspectos, la conclusión más acertada me parece la más difusa: el tema de la seguridad está vinculado a las decisiones que en cada época o coyuntura se han tomado por los dirigentes políticos o responsables de gobiernos, es decir, por los hombres, por las personas y en definitiva por los intereses de unos y de otros. Visto así, tan inseguro era el tiempo de la Guerra Fría como el actual. Pero, como he ido diciendo a lo largo de la exposición, el motivo de miedo e inestabilidad desde 1947 a 1991 fue el motivo principal que sirvió para mantener la paz, al contrario que en la actualidad, donde todo es mucho más imprevisible y nosotros perdemos capacidad de enfrentamiento, pues como decía antes con otras palabras, “para cada nueva medida de seguridad, diez nuevas formas de romperla”.

 

BIBLIOGRAFÍA

 – Diversos autores, El mundo después del II de Septiembre de 2001 (Península, 2002).

 – Fernando García de Cortázar y José María Lorenzo Espinosa, Historia del mundo actual 1945, 1992. (Alianza Universal, 1991).

– Bruno Cardeñosa, El Gobierno Invisible (Espejo de tinta, 2007).

– Historia del mundo contemporáneo (Anaya, 2006).

Gracias a Paco Ruiz, profesor de Historia, por su ayuda en este trabajo.

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