¿Es el mundo un lugar más seguro ahora que durante la Guerra Fría?

(Trabajo publicado en La Lupa Digital el 11 de febrero de 2012)

El enfrentamiento que tuvo lugar entre 1945 y 1991, entre las dos potencias del momento, EEUU y URSS, conocido como “Guerra Fría”, alcanzó niveles de crisis política, tecnológica, militar, cultural e incluso económica, pero ninguno de los dos bloques llegó a tomar nunca acciones directas contra el otro. El motivo de esta situacion de no-ataque venía de que ambos paises sabían que la ofensiva al enemigo, con el uso del armamento nuclear podría llegar a suponer la autodestrucción, ya que los niveles de alcance eran muy elevados.

Como ejes influyentes de poder en el contexto internacional, cada potencia integraba a una serie de paises aliados, con lo que el ataque a uno suponía la respuesta de alguno de sus “socios”. De esta forma ambos bloques permanecieron durante casi cincuenta años inmoviles, pero continuamente coaccionados ante las presiones enemigas y llevando los enfrentamientos a otros territorios.

Antes de empezar con la comparación de la seguridad, para hacernos una idea de lo que podría haber sido la tercera guerra mundial (y además nuclear), hago referencia a un dato oficial. Al final de la Segunda Guerra Mundial, con la bomba atómica que Estados Unidos lanzó sobre Hiroshima y Nagasaki, murieron en apenas unos segundos 150 mil personas, otras 280 mil quedaron heridas, traumatizadas o con secuelas, incluso sus descendientes. Ni siquiera en los peores antentados terroristas actuales, los lúgubres 11S o 11M, se han producido un número igual de victimas. Es decir, la amenaza nuclear podía dar lugar, en pocos instantes, a millones de muertos, heridos y graves secuelas durante años. La amenza terrorista es permanente y continua pero su poder de destrucción en cada atentado es muchísimo menor.

El siglo XX, fue el de la guerra a muerte entre lo que podríamos llamar “sociedades libres” y los totalitarismos fascista y comunista y según ésta misma comparación, el siglo XXI será el de la confrontación entre el terrorismo de los movimientos fanáticos (nacionalistas y religiosos) y dichas “sociedades libres”.

Por una parte, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta la caída del Muro de Berlín, el miedo de la población hacía referencia a la amenaza nuclear del bloque enemigo, pero como he dicho antes, un ataque supondría la respuesta del enemigo y a fin de cuentas la autodestrucción, era una amenaza muy grande con demasiada destrucción como para llevarse a cabo. Quizás uno de los momentos de mayor crisis, o los que más han trascendido hasta nuestros días, son la famosa “Crisis de los misiles” y “el Bloqueo de Berlín”. A pesar de ésto, todo quedaba aquí, en miedo y sensación de inseguridad, por supuesto una inseguridad que de haber recibido los ataques esperados hubiera supuesto la destrucción de gran parte de la sociedad.

En la actualidad, las medidas de seguridad cada vez son mayores (al menos de cara al público) y éstas llegan a tal extremo que hoy día rozan el ridículo, pero lo hacen porque tras los acontecimientos de los últimos 10 años, no es exagerado decir que la paranoia se ha adueñado de muchos civiles.

El atentado del 11 de Septiembre, con la caída de las Torres Gemelas de Nueva York, es al siglo XXI el comienzo de una situación, como la Caída del Muro de Berlín en 1989 fue el final de otra. Desde entonces, está en la mente de la mayoría de los ciudadanos occidentales que aquel ataque a la mayor potencia mundial fue el comienzo de una serie de atentados en los que ninguna ciudad puede quedar librada. Es decir, ya nadie pone en duda, que así como ha sido posible volar lasTorres Gemelas y el Pentágono el día de mañana un comando suicida puede hacer estallar, en cualquier rincón del mundo, un artefacto atómico que cause un millón de muertos.

Así ha sido durante éstos últimos años, como hemos podido ver en los atentados de Londres, Madrid, en el caso de Occidente, y en India, Marruecos y otros países en vías de desarrollo, cuya seguridad no ha acaparado la atención de los medios tanto como Occidente, a no ser que el atentado llegase a límites mayores.

En cualquier caso, en la actualidad, vemos que la principal amenaza para la seguridad es el terrorismo, ya sea por organizaciones religiosas o nacionalistas. Así que, aunque como decía antes la capacidad de destrucción sea mucho menor, la frecuencia con la que los atentados son llevados a cabo y la forma en la que cualquier medida de seguridad tomada por los distintos gobiernos es bulnerada de diez maneras distintas por los terroristas, me atrevería a afirmar que el mundo era en buena parte más seguro en la época de la Guerra Fría que ahora. Al menos los distintos gobiernos sabían en base a qué habría una reacción y sabían como evitarla en buena medida, en su propio terreno.

Puede que tratar el tema desde esa visión y esta forma de exponer los argumentos, tenga poca perspectiva de futuro, pues estoy teniendo en cuenta que han pasado 20 años desde el fin de la Guerra Fría y sé que no pasó nada, ya que lo que dicen en los libros es que durante esa época, “todo estaba parado”, “nadie movía ficha”. Pero lo cierto es que durante cuarenta años se llevaron a cabo numerosas operaciones de espionaje, se planearon nuevas armas y nuevas formas de destrucción, y las confrontaciones entre ambas potencias se hicieron a través de diversos países, como es el caso de Corea y Vietnam, donde murieron miles de civiles y soldados (lo que supuso una gran crítica al gobierno estadounidense). Siendo esta la situación, era más fácil sentirse inseguro y dar casi por hecho que algo acabaría pasando, y algo mucho más grave que la mayoría de los atentados terroristas que vivimos en la actualidad.

Sin embargo, también habría que tener en cuenta que en aquel momento había países excluidos de las tensiones, o más bien, países que tomaron la decisión de no intervenir en el conflicto, entre ellos España, que aunque vivía en situación difícil con respecto a la política nacional, a partir de los sesenta comenzó a estabilizarse. La prueba es que la mayoría de las personas que vivieron entonces siempre recurren a frases como “antes no había tanta inseguridad en las calles”, por supuesto, las dimensiones y el tipo de seguridad es distinto, pero al fin y al cabo viene a ser lo mismo. Y lo cierto es que, como digo, en otras medidas, con respecto a la seguridad de la calle, las estadísticas empeoran: hay más robos, más violaciones, numerosos asesinatos, etc.

También me gustaría resaltar la importancia de los medios en ésta cuestión, pues muchas veces se hace eco de noticias alarmantes que no llegan a realizarse y que suponen una sensación de inseguridad y miedo muy fuerte para la ciudadanía, como fue el caso de la famosa gripe A, de la cantidad de personas que dijeron que morirían a las que han muerto realmente hay una diferencia abismal (de 500.000 a 18.000), y así en una serie de cuestiones (atracos, terrorismo, asesinatos, enfermedades, sucesos de bandalismo…) que hacen que la población sienta mucha más sensación de inseguridad con respecto a lo que ocurre en el mundo.

Hace poco, Gregory Treverton, vicepresidente del Consejo Nacional de Inteligencia entre 1993 y 1995, declaraba en El País, “el terrorismo islámico, no es una amenaza existencial, como lo era la guerra nuclear con la URSS, pero es la cuestión de seguridad más importante por el factor azar. Pueden golpear en cualquier lado, en Atocha, Londres o Estados Unidos.” Esto me ayuda a explicar mi idea; el terrorismo no alcanza la magnitud de daño de una guerra nueclear a primera instancia, pero por otros factores, como es el caso de no saber donde van a atacar, la amenaza se multiplica, creando un ambiente de paranoia en ocasiones caótico.

 

Teniendo en cuenta éstos distintos aspectos, la conclusión más acertada me parece la más difusa: el tema de la seguridad está vinculado a las decisiones que en cada época o coyuntura se han tomado por los dirigentes políticos o responsables de gobiernos, es decir, por los hombres, por las personas y en definitiva por los intereses de unos y de otros. Visto así, tan inseguro era el tiempo de la Guerra Fría como el actual. Pero, como he ido diciendo a lo largo de la exposición, el motivo de miedo e inestabilidad desde 1947 a 1991 fue el motivo principal que sirvió para mantener la paz, al contrario que en la actualidad, donde todo es mucho más imprevisible y nosotros perdemos capacidad de enfrentamiento, pues como decía antes con otras palabras, “para cada nueva medida de seguridad, diez nuevas formas de romperla”.

 

BIBLIOGRAFÍA

 – Diversos autores, El mundo después del II de Septiembre de 2001 (Península, 2002).

 – Fernando García de Cortázar y José María Lorenzo Espinosa, Historia del mundo actual 1945, 1992. (Alianza Universal, 1991).

– Bruno Cardeñosa, El Gobierno Invisible (Espejo de tinta, 2007).

– Historia del mundo contemporáneo (Anaya, 2006).

Gracias a Paco Ruiz, profesor de Historia, por su ayuda en este trabajo.

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