Praga: ciudad kafkiana y rebelde

Es difícil no enamorarse de Praga. Lejos del lujo de París, de las maravillas históricas de Roma o del rollo alternativo que ofrece Londres, Praga es una auténtica ciudad de cuento donde perderse, descubriendo cada rincón de su historia. A los amantes de la literatura, de la Kafkiana en particular, les será fácil caminar sintiendo que siguen los pasos del escritor que les muestra su infancia, una ciudad que formó su imagen de un mundo distinto, aunque aún tendrían que pasar por ella el comunismo y las ansias de revolución, no viendo el momento de escapar del férreo control soviético.

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Viena: 48 horas comiendo tartas

El primer post de 2015 es de todo menos actual. Estuve en Viena el pasado mes de octubre visitando a una amiga que está allí de Erasmus. Mis expectativas no eran muy altas; todo el mundo me decía que Viena no tenía nada especial. Pues bien, será que no han entrado en sus cafeterías. Continue reading “Viena: 48 horas comiendo tartas”

Recuerdos de un fin de semana en Estocolmo

Hubo una época -al menos yo he comenzado a pensar en ello como algo lejano puesto que ya nunca me ocurre- en la que entrar en las webs de búsquedas de vuelos era como entrar en el mercadillo de los domingos: Londres ida y vuelta 25€; Bruselas 15€; Milán 30€. Recuerdo ese mito que corría por los pasillos de la Facultad (también en el centro de salud de mi madre y hasta en los baños de los aeropuertos) sobre una pareja que encontró billetes por dos céntimos.

Esos tiempos felices pasaron y ahora acabo indignada pagando 150€ por un billete con Ryanair -como buena pringada que soy-, quejándome de las penurias que me veo obligada a sufrir a pesar de haber pagado como un vuelo de Air France (iba a decir Lufthansa, pero ya sabéis cómo están las cosas).

Al grano. El pasado mes de septiembre estaba navegando por estas páginas, recordando viejos tiempos, cuando, de repente, el milagro: París-Estocolmo 35€. NO WAY. Mi primera reacción fue llamar a Irene para compartir la euforia pero su respuesta fue más intensa de lo que esperaba: Vamos. Y fuimos.

Fue un viaje bastante corto puesto que salíamos el viernes por la tarde y volvíamos el domingo por la noche, pero, ¿a quién le importa? 35€ por ir a Estocolmo. Por si fuera poco trote, el aeropuerto era Beauvais, un castigo para cualquier ser humano puesto que añade dos horas más de viaje y otros 30€ aunque eso lo pensamos tarde.

Al final mereció la pena. Acabó siendo una de esos viajes de albergue en los que hablas con todo el mundo y acabas haciendo amigos en y de cualquier parte. Durante el vuelo de ida comenzamos a charlar con Victor, el compañero de asiento que viajaba en un grupo de siete u ocho amigos. Nos llevamos bien y pasamos dos horas intercambiando opiniones y visiones de Francia y España. Casualidad que al día siguiente, a última hora de la tarde, cuando nos disponíamos a entrar en el Museo Vasa encontramos a Victor con sus amigos y decidimos ir a cenar todos juntos. Acabamos de fiesta a las 4 de la mañana en una discoteca de raperos y jennies from the block, que se reían de los francesitos que les seguían los bailoteos de negratas sin ningún tipo de pudor. Nos echamos unas buenas risas.

Pero ya saben, somos jóvenes y dormir dos horas para madrugar y seguir pateando la ciudad no supone un problema. Fueron 48 intensas horas en las que aprovechar las siete horas de luz era elemental.

Las primeras impresiones de la ciudad el viernes por la noche cuando llegamos en autobús desde el aeropuerto fueron impresionantes. Era tarde y pocas luces se mantenían encendidas en las casas, flotando -como quien dice- entre las más de 14 islas que conforman Estocolmo. Como llegamos muy tarde a la estación central decidimos coger un taxi hasta el hostal -aunque sepan que en Estocolmo el metro está abierto las 24 horas durante los fines de semana-, con la suerte de topar con un conductor que no hablaba ni papa de inglés (ni de español ni de francés y creo que ni sueco). Al final conseguimos entendernos y en mitad de la noche y de la lluvia llegamos al albergue.

El sábado por la mañana salimos a las ocho y media después de desayunar como campeonas y fuimos en metro hasta Gamla Stan, la isla donde se sitúa el casco antiguo. Las calles estaban llenas de decoración navideña pero aún tranquilas a primera hora. Allí se encuentra la pintoresca Stortorget o la Plaza Mayor, que en ese momento acogía un típico mercadillo navideño con productos artesanales de decoración y comida; también el Palacio Real o la Academia Sueca.

Decidimos coger un barco y hacer un tour alrededor de las islas para tener una buena panorámica de la ciudad. Cuesta unos 15€ y además hay explicaciones para descubrir las típicas curiosidades históricas o arquitectónicas como por qué ese parecido con la arquitectura parisina o cuál es el origen de las distintas islas.

Al salir seguimos andando esta vez hasta el distrito de Norrmalm y el residencial barrio de Vasastan. La población de Estocolmo tiene un aire muy cosmopolita y un estilo muy personal. Ya estoy acostumbrada a ver “personajillos” pasear por París, Madrid o Londres, pero allí parecían camuflarse mejor, como si vestir naranja, verde y rojo en un mismo look no fuera un problema (¿lo es?). Incluso nos cruzamos con Caroline Blomst, la mítica bloguera que lleva desde hace años Stockholm Street Style.

A las cuatro ya era de noche y paseábamos por Strandvägen, algo así como un paseo marítimo a lo nórdico, disfrutando de las luces de navidad, cuando nos encontramos con nuestros amigos del avión. Lamentablemente el Museo Vasa estaba ya cerrando y nos quedamos sin entrar, así que decidimos cruzar las islas con el barco (una especie de barco-bus) e ir hasta Fotografiska. Con el aspecto de una fábrica antigua, Fotografiska es un centro de fotografía contemporánea de lo mejor que he visto hasta ahora, donde además ofrecen conciertos y puedes pasar un par de horas entre las exposiciones y el bar restaurante con unas vistas increíbles de Estocolmo.

El domingo, tras dos horas de sueño, seguimos nuestra marcha esta vez por el barrio de Östermalm, con la intención de subir a la Torre Kaknäs y dar un paseo por el parque donde se encuentra. Nuestros planes no salieron muy bien porque un tipo nos mandó en la dirección contraria y después de andar durante dos kilómetros nos tuvimos que dar media vuelta por falta de tiempo. Al final acabamos de restaurantes y panaderías probando pan de jengibre y otros platos y dulces típicos de Suecia.

En el bus de vuelta al aeropuerto coincidimos con tres italianos que venían de participar en el torneo de un curioso juego de bolas que se practica en la arena de la playa donde los participantes van disfrazados con máscaras de látex. Soy incapaz de recordar cómo se llamaba la extraña competición que tanto apasionaba a estos italianos y que incluso nos invitaron a Pescara para conocer “el gran torneo” de septiembre, pero mientras más nos contaban y más fotos nos enseñaban más nos reíamos. No de ellos, sino del extraño juego.

Un par de horas después volvíamos a aterrizar en Beauvais aunque lo último que recuerdo es arrastrarme hasta el bus que me llevaría de vuelta a París y darme un golpe con la ventana antes de caer en un profundo sueño. No sé yo si aguantaré estos viajes-paliza por muchos años.

Rouen: 24 horas en el norte de Francia

¡Casi me olvido de Rouen! La capital de Normandía fue mi última escapada en el país galo. Llevaba semanas buscando combinaciones de tren, coches… (no hay autobuses que cubran el recorrido París-Rouen, y eso que están a hora y media de distancia)., pero nada parecía cuadrar. Continue reading “Rouen: 24 horas en el norte de Francia”

Munich (III): Englischer Garten

In October I went back to Munich where I spent almost a week. By this time, I’ already knew the city so it was a less touristic stay, dedicated to walks, museums and, of course, food. My first morning there, we went to Englischer Garten. It was a beautiful, sunny day and I’ve already realized that, when the sun shines in Munich -never mind if it’s cold- German people get crazy and they all go out to search a ray of light. Continue reading “Munich (III): Englischer Garten”

Nuremberg

Back to Germany, specifically Nuremberg, where we spent a beautiful day. This city, most and sadly known as the city of the Judgment of Nuremberg -where the primarily responsible for the nazi homicides where judged-, is one of the most picturesque places I’ve ever seen. Continue reading “Nuremberg”

Munich (II): Olympiapark

Hoy repetimos con Múnich aunque en esta ocasión para mostrar el Olympiapark, el lugar que acogiera los Juegos Olímpicos del 72, ahora reconvertido en parque público con instalaciones deportivas y miradores a la ciudad. Continue reading “Munich (II): Olympiapark”

Múnich (I)

Múnich ha sido la protagonista de mi primera visita a Alemania. Llegué en tren desde París, haciendo parada en Stuttgart, en un viaje de seis horas. Los billetes para este trayecto pueden costar desde 30€ (viajando de noche en asiento), 60 cogiendo el tren ordinario con algo de tiempo o hasta 90, 140 e incluso 200€. Depende de la disponibilidad, supongo. De cualquier modo, se pasa bastante rápido. Continue reading “Múnich (I)”

Côte d’Azur (I): Cannes e Isla de Santa Margarita

Nuestros 3.200kms por carretera terminaron en la increíble Costa Azul. Encontramos un hotel a buen precio en Cannes, así que decidimos utilizar esta ciudad como base de operaciones para visitar Niza y Saint Tropez. Continue reading “Côte d’Azur (I): Cannes e Isla de Santa Margarita”

Siena, vuelta a la Edad Media

En este viaje por carretera, Siena no era una opción segura. En un principio no creíamos que pasando tan solo tres días en Florencia tuviéramos tiempo para hacer una escapada a esta famosa ciudad de la Toscana de la que tanto habíamos oído hablar. Continue reading “Siena, vuelta a la Edad Media”

Florencia

La penúltima parada en Italia sería Florencia. Después de un par de visitas a este país, aún no había conocido la ciudad de Da Vinci, así que este parecía el momento idóneo. Continue reading “Florencia”

Cinque Terre: El Golfo de los Poetas

Hace poco vi en Twitter una imagen sobre la nueva Pirámide de Maslow (una teoría psicológica mediante la cual las necesidades humanas quedan ordenadas en forma piramidal). Pues bien, en esta nueva versión el WiFi es la base del poliedro. Yo he tenido un mes y medio para comprobar que es verdad y que, aunque se puede disfrutar de la vida mientras tanto -creedme, se puede-, hay momentos en los que resulta verdaderamente desesperante. Continue reading “Cinque Terre: El Golfo de los Poetas”

Parando en Nîmes y Montecarlo

Salimos de Collioure a eso de las doce del mediodía tras un buen baño en la playa (¡a las diez ya estaba llena!), y recorrimos 129 kilómetros hasta llegar a Béziers, donde paramos a comer. Continue reading “Parando en Nîmes y Montecarlo”

Cruzando la península para llegar a Collioure

Collioure fue la primera parada de este viaje por carretera. Este pueblecito de la Costa Catalana, se encuentra justo al cruzar la frontera de Francia. A muchos os sonará su nombre porque es aquí, en su cementerio, donde descansan los restos de Antonio Machado, que murió al poco tiempo de llegar, cuando huía de la Guerra Civil y de la represión. Continue reading “Cruzando la península para llegar a Collioure”