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Bataclan, vuelta a la vida un año después del atentado

Publicado en El Mundo, 12 de noviembre de 2016.

Pocas son en realidad las personas que no habían escuchado su nombre o asistido a un concierto en su interior antes del 13 de noviembre de 2015. El Bataclan es de por sí un templo de la música, un punto emblemático de París convertido en una especie de centro de peregrinaje después del atentado del que se cumple ya un año, que acabó con la vida de 130 personas: 90 de ellas fueron acribilladas en el Bataclan. Tras 365 días de silencio, la música ha vuelto a sonar entre sus muros al ritmo de Sting.

Durante la tarde de este sábado, la zona ha permanecido acordonada por la policíay tan sólo los periodistas, decenas de ellos, han esperado en la acera de enfrente, junto a algunos vecinos que pasaban a dejar flores y encender velas en memoria de las víctimas. Nada de las tradicionales colas que se montaban en la puerta a la espera del espectáculo. Para esta ocasión, a los asistentes se les pidió llegar a las 19.00 horas, dos horas antes del concierto, posiblemente para que la entrada fuera rápida y el ruido mediático menor. Si es que esto era posible.

“Vengo para exorcizar la sala de lo que pasó hace un año, para intentar pasar página y rendir homenaje a los que murieron aquí”, comenta Benoît a este periódico poco antes de acceder a la sala. Un aficionado a la música en directo que recuerda ahora, como ha hecho tantas veces durante este año, que aquella noche podía haber sido él. “Espero que vuelva a ser un lugar de fiesta y de vida“, dice este fan de Sting, que ha conseguido una entrada por internet.

Pocos han sido los afortunados. Las entradas, que se pusieron a la venta esta misma semana, volaron en cuestión de minutos. Con capacidad para poco menos de 1.500 personas, la mayoría de los asistentes en este caso fueron invitados por la sala al tratarse de supervivientes o familiares de las víctimas del atentado, 40 periodistas acreditados y la ministra de Cultura, Audrey Auzolay, como representante de las autoridades.

El cantante británico ha comenzado su concierto pidiendo a los presentes guardar un minuto de silencio en memoria de las víctimas. “No les olvidaremos”, ha asegurado antes de arrancar con ‘Fragile’.

La única nota amarga de la noche se ha producido cuando se ha impedido la entrada a dos miembros de Eagles of Death Metal, la banda estadounidense que tocaba la noche de los atentados por haber realizado declaraciones polémicas sobre la seguridad, ha indicado la gerencia del establecimiento.

“Ellos vinieron, yo los eché, hay cosas que uno no perdona”, ha explicado Jules Frutos, codirector de la sala.

La famosa sala de conciertos, con su estética oriental de pagoda, ha permanecido cerrada al público durante todo este tiempo, primero por las investigaciones y después 10 meses por las obras. Siempre lo tuvo, pero la fachada, con lo que esconde, ha adquirido un aire místico: muchos pasan sin querer mirar mientras otros se quedan pasmados ante la incómoda imagen de este colorido edificio atacado por el mal.

El interior de la sala se ha escondido con recelo por los propietarios desde aquella noche. Tras las fotografías que salieron a la luz de la matanza, para los dueños era importante que la nueva imagen del local fuera de un ambiente festivo, de alegría, como sólo debería ser en un lugar concebido para la música. “No podemos dejar que el Bataclan se convierta en un mausoleo”, declaró este sábado en Europe 1 Jules Frutos, copropietario del lugar. Con una inversión de “varios millones de euros”, toda la decoración es nueva aunque, curiosamente, se ha mantenido exactamente de la misma manera que antes del 13-N, cuando un millar y medio de personas se encontraba en su interior disfrutando del concierto de la banda estadounidense Eagles of Death Metal.

Lo que sí se ha reforzado con especial atención ha sido la seguridad. “Hay cámarasinstaladas por todas partes, para ver lo suficiente si pasara cualquier cosa”, ha apuntado también el responsable de seguridad, Didi, presente aquel viernes por la noche cuando heroicamente entró y salió hasta en dos ocasiones, bajo las ráfagas de balas, para evacuar a los supervivientes, como recuerda el periodista de Le Monde, Danniel Psenny.

Entre las nuevas medidas con las que el local cuenta ahora, un sistema de de apertura y cierre de puertas que se activaría en caso de intrusión, controlado desde un ordenador por un agente de seguridad en la misma entrada del Bataclan. Los propietarios han preferido, sin embargo, no instalar pórticos de detección de metales, que podría dificultar los accesos a la sala para los espectadores. Además, han contratado nuevos guardias de seguridad junto a un refuerzo especial para esta cita, con 15 agentes extra de seguridad privada.

La dirección del Bataclan comunicó recientemente que sería el británico el encargado de reinaugurar el lugar tras ofrecerse voluntario. Los beneficios irán en su totalidad destinados a la asociación de víctimas de los atentados, algunos de ellos presente en un esfuerzo personal por cerrar el ciclo de un año difícil. La hija de Patrice y su novio murieron en esta misma sala y ahora ella ha asistido a ver a Sting en nombre de los tres, porque su hija, dice, “está siempre con ella”. “Es importante para mí estar allí, en el lugar en el que murió”, ha explicado en France Info.

La elección del artista tampoco ha estado exenta de polémica. En un primer momento, se barajó la posibilidad de que fueran los propios Eagles of Death Metallos que protagonizaran la esperada reapertura, pero las numerosas polémicas relacionadas con el cantante, Jessie Hughes, le han convertido en una persona non grata. “No estarán en el Bataclan, es una decisión mía”, ha explicado Frutos que, “por respeto” a las víctimas y al propio personal de la sala, decidió “no invitarles”. Hughes puso en duda al equipo de vigilantes de la sala y lanzó comentarios con un cierto tono islamófobo en una entrevista publicada en una revista estadounidense en marzo.

“A veces parece que fue ayer y otras diría que fue hace 100.000 años”. Grégory Reibenberg, el propietario de la Belle Équipe, uno de los locales atacados por los terroristas el 13 de noviembre, alcanza así a describir esa sensación que se ha instalado en París y en especial en su distrito 11, epicentro del caos hace ahora ya un año. A pesar de todo, la vida sigue, 365 días después, para las más de 800 personas afectadas directa o indirectamente por los atentados.

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