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Luc Ferry: “La civilización europea desaparecerá si no construimos una Europa federal”

 

Publicado en Crónica, el 24 de julio de 2016.

Luc Ferry es como el hombre que nunca estuvo allí. Desde hace unos años, el filósofo, ensayista y antiguo ministro de educación se dedica de una forma relativamente discreta a escribir libros aunque vuelve a menudo a los medios, sobre todo cuando hay que hablar de laicidad y República, lo que ocurre con bastante frecuencia en este país y aún más desde los atentados de 2015.

Pero vaya si estuvo “allí”. A él se debe una de las políticas más polémicas e internacionalmente conocidas que se hayan hecho en Francia, como fue la prohibición del velo en la escuela que Ferry aprobó siendo ministro “para salvar a las pobres niñas”, dirá durante la entrevista. Estuvo en otros momentos igualmente atractivos de la “people” política gala, como la cena en la que Nicolas Sarkozy y Carla Bruni se conocieron. Cuentan que Sarkozy le pidió consejo sobre la modelo, que antes había sido su amante. La relación del ex presidente y Ferry, al que las relaciones humanas no parecen importarle demasiado, hace tiempo que no es la misma y reconoce que votó por Hollande en 2012 “porque no quería más Sarkozy”.

Cuando uno tiene entre las manos su último libro, La Revolución Transhumanista: cómo la tecnomedicina y la uberización del mundo van a trastornar nuestras vidas, podría erróneamente pensar que se encuentra frente a un ensayo de ciencia ficción. La futura y ciertamente posible mejora genética del ser humano es un tema que los políticos europeos no tratan, según Ferry, muestra de ese característico pesimismo y nostalgia que caracteriza al viejo continente. Lo dejan de lado porque mirar al futuro no forma parte del programa electoral. ¿Futu qué? Al igual que hacemos con Uber, AirBnb y otras empresas del capitalismo que viene, completamente instaladas en Estados Unidos, Europa se niega al futuro como si de una seña de identidad se tratara. Y mientras Google ya invierte millones de dólares en la investigación científica del Transhumanismo, nosotros ni siquiera sabemos de qué se trata.

Más preocupado por mantener la cabeza fría que por sucumbir bajo etiquetas políticas, el ex ministro marca una necesaria relación entre ciencia y política y nos pone frente al espejo de lo que viene, aunque no queramos verlo. Si no lo hacemos nosotros, americanos y chinos se nos adelantarán, otra vez. Ferry escribe por si, de una vez por todas, nuestros líderes políticos se deciden a mirar más allá de las urnas. ¿Transhuma qué?

Ferry: El Transhumanismo es un movimiento que aparece en Estados Unidos hace ya más de veinte años, financiado a golpe de millones por las grandes empresas de Sillicon Valley y en particular por Google que creó en 2008 la Universidad de la Singuralidad y en 2013 una filial que se llama Calico, Californian life company, para intentar aumentar la longevidad humana y luchar contra la vejez y la muerte.

Se trata de pasar de una medicina terapéutica a una medicina de la mejora del ser humano. Al igual que mejoramos especies de animales o de harina podemos mejorar la especie humana. Nunca hemos aumentado realmente la longevidad humana sino erradicado las muertes precoces que hace que nuestra media de vida sea más amplia que en 1900 pero seguimos muriendo en torno a los 100 años. El proyecto de Calico es llegar hasta 200, 300 años, puede que más. Gracias a la ingeniería genética, a la biocirugía, biotecnología, nanotecnología y otras ciencias esto será posible.

Además, pretende crear un nuevo eugenismo, opuesto al del nazismo, para luchar contra la desigualdad natural, es decir, pasar del azar a la elección. Los transhumanistas creen que llegaremos a corregir cualquier anomalía genética notablemente gracias a la edición de genes que hoy día es relativamente barato.

– No estamos hablando de ciencia ficción…

No, en absoluto. Es evidente que lo haremos es una cuestión de tiempo. Por tanto, es necesario anticipar las preguntas morales y políticas que esto supondrá. En EE.UU y Alemania ya lo están haciendo, pero aún no en la vieja Europa.

– ¿Por qué diría que Europa se mantiene en la nostalgia?

Porque somos viejos estados providentes atacados por la globalización. Toda la innovación es americana: Google, Amazon, Facebook, Apple, la Tercera Revolución Industrial, la del big data, la nanotecnología, la inteligencia artificial, el Internet de las cosas… todo viene de EE.UU. Después de ellos están los chinos, israelíes y suizos pero nosotros solo tenemos migas. La entrada de los nuevos países que entran en el mercado capitalista desestabilizan masivamente los viejos y prudentes estados, así que tenemos el sentimiento de que hay que aferrarse a lo antiguo.

– Usted acusa directamente a los políticos de una falta de valor e innovación. ¿Por qué?

Nuestros políticos, empezando por Nicolas Sarkozy y François Hollande no conocen nada de lo que le estoy contando. Nicolas Sarkozy descubrió la existencia de Le Bon Coin [ndr: una popular página de compra venta de Francia] hace dos semanas, ¡es alucinante! No saben nada ni de Ciencia ni de Economía. Si toma de referencia los grandes intelectuales franceses, aunque sean mis amigos, se trata de gente culta e inteligente a la que respeto mucho, pero no conocen nada de esto y eso que es muy básico. He pasado cuatro años para escribir este libro tratando de comprender lo que pasa y me he dado cuenta que nuestros políticos, en Europa, están a la cola de la innovación.

– En lo que a la población se refiere, habla de una “impotencia ciudadana” donde el mercado es mundial pero las políticas se mantienen en lo local.

Es el fondo del problema de la globalización. Nuestros líderes políticos y las políticas económicas se han quedado en lo nacional mientras el mercado es mundial. Los GAFAacrónimo de Google, Apple, Facebook, Amazon- son mucho más potentes que los estados a día de hoy, es un gran problema. Yo defiendo que hay hacer frente con urgencia a la regulación de economías colaborativas pero una regulación nacional no tiene sentido. Prohibir un servicio que está permitido en Berlín, Madrid o Londres no sirve de nada.

Es importante entender que estas empresas, esta economía no apunta a un fin del capitalismo, sino a una mercantilización del mundo donde cada uno pone en venta sus medios. Es un hipercapitalismo en el que la regulación será vital.

Los británicos acaban de votar su salida de la Unión Europea. Los nacionalismos se levantan cada día más fuertes contra Europa. ¿Qué hacer con la Unión Europea?

Bueno, creo que la crítica a Europa es justa pero la conclusión es errónea. Europa está lejos de la población, no es democrática, nadie entiende sus instituciones, no hay una armonización fiscal. Pero a nivel mundial la única solución es el federalismo de lo contrario no tendremos la potencia para hacer frente a Daesh, a la guerra, a otras economías, ni siquiera a la inmigración en lo que, aprovecho para decir, estoy totalmente de acuerdo con la señora Merkel.

Si fragmentamos Europa vigilar las fronteras será mucho más difícil, exigirá más dinero y más efectivos. Hay que crear un parlamento de la zona euro, hay que crear una política de inversión en la innovación para compensar las políticas de austeridad contra las que se rebelan Tsipras, Podemos y los rebeldes de la izquierda en Francia. Hay que multiplicar Eramsus por diez, hay mil cosas inteligentes que se pueden hacer: acercar los parlamentos nacionales a los europeos, todo en un sentido federal. Si nos alineamos con los antieuropeos estamos muertos. Para ser claros, la civilización europea desaparecerá si no construimos una Europa federal y hoy esto solo es posible a 12, no a 28. La ampliación ha sido la gran catástrofe de la Unión.

– ¿No cree en la inclusión de los países del este?

No debíamos incluirlos, había que hacer dos Europas, dos círculos. Hay que hacerlos.

– ¿Y qué piensa de una posible entrada de Turquía?

Hubiera sido más inteligente meter en su día a Turquía que incluir a Polonia o Hungría. Para empezar porque Turquía no es un país árabe, es musulmán, pero es un puente entre occidente y el mundo árabe. Hubiera sido muy útil, hemos enviado a Turquía hacia la islamización radical.

– En cierto modo el Transhumanismo es también “transpolítico”. Hay en él corrientes liberales, socialdemócratas…

En principio es un movimiento libertario. La idea de pasar de la autonomía al control de su destino gracias a la ciencia y la técnica. Todos los movimientos sociales han consistido en pasar de la heteronomía a la autonomía, de lo que nos gobierna del exterior hacia el interior.

– ¿Cree que este Transhumanismo puede servir para solucionar problemas geopolíticos?

Sí, pero hay peligros también. Habrá una competición entre los ejércitos y las familias. Imagine que en 30 años somos capaces de hacer un injerto electrónico en el ojo tan potente que le da una vista de águila. En el ejército formaremos escuadrones enteros con soldados que tengan esta vista porque necesitaremos francotiradores y aviadores. Después en las familias haremos lo mismo para no dejar a nuestros hijos en desventaja frente al de otros. En un sistema de competición capitalista es evidente que el Transhumanismo amenaza con llevarnos a una modificación radical de la especie humana sin que nos demos cuenta. Hay promesas fantásticas en el Transhumanismo, como en la economía colaborativa, pero hay peligros enormes y por eso urge que nuestros políticos e intelectuales se interesen.

– ¿Y cree que esto sucederá pronto?

Creo que se van a ver forzados a hacerlo. Hemos descubierto Uber en Europa en 2014 y ahora la gente sabe lo que es. El problema es que la cultura de nuestros políticos es la comunicación, la sociología electoral y el fútbol, esto no basta.

– ¿Cómo es la adaptación en otros lugares? ¿Qué pasa con Asia?

Los chinos o los coreanos no tienen el mismo sistema de representación moral que nosotros. Por ejemplo, Corea del Sur está implantando un enorme programa para aumentar la inteligencia. China no sigue en la época de la Revolución Industrial, ha hecho muchos progresos pero sigue siendo un país no democrático y sus valores no son los nuestros. En China la idea de manipular el genoma humano para hacer más inteligente la población no molesta a nadie, como lo haría un cristiano en Europa o un cristiano secularizado educado en el cristianismo.

– ¿Hablamos entonces de valores cristianos o republicanos?

Son los mismos. No hay ninguna diferencia. ¿Qué son los derechos humanos sino la religión de los laicos? La igualdad a ojos de Dios se ha convertido en la igualdad ante la ley.

– ¿Qué lugar para la religión en el Transhumanismo?

Las religiones odian el Transhumanismo porque prosperan sobre el miedo a la muerte: la promesa de la salvación, la vida eterna donde la muerte es solo un paso. Este movimiento lucha contra la vejez y la muerte. No lo logrará pero podrá aumentar tanto la vida como para que las religiones se preocupen por el Transhumanismo, por tanto diría que es una nueva religión laica.

– En la situación que vive Francia, ¿qué papel para la educación como lucha contra el terrorismo?

Me temo que no soy optimista. Lo que nos demostró el nazismo es que el pueblo más cultivado con los filósofos más importantes del siglo XX, votó al 80% por Hitler a pesar de que Mi Lucha ya había sido publicado, la barbarie antisemita se perfilaba. Bin Laden, los líderes de Daesh hoy, son gente muy culta que cuenta incluso con doctorados. La educación, contariamente a lo que pensaba Kant o Victor Hugo, no protege de la barbarie. La corrupción de los mejores es la peor.

Yo soy favorable al cierre de puntos de propaganda salafista, creo que hay ser duros y creo que cuando estamos en guerra no hay que dejar salir a aquellos que han sido condenados por yihadismo. Vamos a tener Daesh sobre los hombres durante 20 años. Atentados como el de Orlando o Bataclan se reproducirán en Francia, España o Italia, es inevitable. Cualquier imbécil puede coger una kalashnikov y entrar en un tren y masacrar cientos de inocentes. No hay nada más fácil en la vieja Europa, dulce y blanda.

– ¿Poco importa quién esté en el Gobierno?

No, lo que cambiará es que vamos a ir hacia sociedades que se parecerán a Israel, muy democratizadas pero blindadas. En Israel todo el mundo protege a todo el mundo, todo el mundo verifica los paquetes en el suelo, todo el mundo está atento a todo el mundo y por tanto sí hay accidentes, atentados, pero no enormes. Un Bataclan sería inimaginable en Israel.

Desafortunadamente nos veremos abocados a renunciar a ciertas libertades para tener un poco de seguridad.

La solución es la prevención, los servicios de inteligencia, la seguridad y no dejar salir a los que han cometido actos de guerra a alguien que ha ido a Siria y ha matado a gente. Cuando vuelven no les condenamos a 3 años de prisión, los mantenemos en centros de retención hasta que termine la guerra. Si no tenemos pena de muerte, contra la que estoy totalmente en contra, al menos no soltemos a los guerrilleros.

– No sé si los defensores de los derechos humanos estarían de acuerdo con usted en esto…

Lo que yo defiendo son los derechos humanos. Si hubiéramos retenido al tipo que ha matado a los dos policías ni siquiera él estaría muerto.

– Va a ser duro para los europeos aceptar que vamos hacia una sociedad como la de Israel.

Sí, será duro porque hemos perdido la costumbre de la guerra que ha desaparecido de Europa gracias a la democracia. Pensábamos que la pacificación de las relaciones franco-alemanas era el modelo de toda Europa y que después de tres guerras terribles con los alemanes esta reconciliación era la paz para la eternidad. Ahora descubrimos que estamos de nuevo en guerra, en una asimétrica contra la gente, no contra los Estados, y no sabemos qué hacer. Israel lo conoce bien, nosotros todavía no. Nos llevará un tiempo comprenderlo y además, como la izquierda no comprende nada de lo que está pasando, tendremos que esperar a tener un segundo o un tercer Bataclan antes de despertarnos. Pero nos despertaremos.

– Usted ha manifestado públicamente su apoyo a Alain Juppé como candidato de Los Republicanos frente a Sarkozy para las elecciones presidenciales de 2017.

No, yo apoyo un eje izquierda-derecha con Juppé, François Fillon [LR], Emmanuel Macron y Hubert Vedrine [PS]. Francia está dividida en tres, 33% izquierda, 33% derecha, 33% FN. El presidente que llegará al Elíseo en 2017 técnicamente solo representará al 20% de la población. Como será elegido en segunda vuelta con un 52% frente al 48%, tendrá la ilusión de ser elegido por una mayoría pero no, habrá sido elegido por eliminación.

 

Cuando usted representa únicamente el 20% de la población, se va a llevar todas las críticas y reprimendas. Juppé es el único que podrá ofrecer un plato electoral más amplio que los otros porque podrá tener a Macron. El primer ministro que salga deberá elegir un hombre de izquierdas como primer ministro. España tiene el mismo problema. En un contexto en el que el que los países están divididos en 3 no nos podemos permitir tener un tipo que represente únicamente al 20%, no funciona. Merkel representa al 65% de la población porque el sistema obliga a la SPD y la CDU a trabajar juntos. Una vez que ha pasado los acuerdos con la izquierda alemana,Merkel representa incluso al 70% de los países y puede hacer lo que quiera, por eso Alemania va mejor que España o Francia.

 

Estado civil: Casado y con tres hijos, de dos matrimonios diferentes

Su proyecto: Ilustrar a los líderes políticos e intelectuales mientras quede tiempo y sea posible ya que por el momento no entienden nada de la Tercera Revolución Industrial.

Un libro: “De vidas ajenas”, de Emmanuel Carrère.

Una película : Más bien una serie, Downton Abbey, para comprender a nuestros amigos ingleses.

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