Nîmes, France

Parando en Nîmes y Montecarlo

Salimos de Collioure a eso de las doce del mediodía tras un buen baño en la playa (¡a las diez ya estaba llena!), y recorrimos 129 kilómetros hasta llegar a Béziers, donde paramos a comer. Aprovechamos para ver la catedral de Saint-Nazaire de Béziers, pero la verdad es que os podéis ahorrar la parada. La ciudad parece muy monumental vista desde fuera, la iglesia corona una colina muy pintoresca que rodea el río, pero visto desde cerca pierde todo su encanto…

Después de comer seguimos otros 125 kilómetros hasta Nímes, que nos recibió con una tormenta de verano bastante curiosa (modo irónico ON). Como no, allí visitamos les Arènes, que por lo visto es el anfiteatro romano mejor conservado, la Maison Carrée, un antiguo templo romano y los jardines de la Fontaine.

En la ciudad hay bastante aficción al toreo, tanta que José Tomás aparece pintado en una casa frente a les Arènes, que hace las veces de plaza de toros. Como yo no estoy muy metida en éste mundo de faenas y capotes, tuve que investigar un poco para descubrir por qué ese amor a Tomás y es que, parece ser, el torero hizo historia en la ciudad cortando once orejas y un rabo hace un par de años.

Lo que más me gusto de la ciudad fue el pequeño mercado que ponen junto a los jardines de la Fontaine. Aquí si se empieza a disfrutar de las típicas estampas de la Provenza, con toldos a rayas y productos artesanales dignos de degustar. ¡No será el único mercado que visitemos!

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Montecarlo

Tras hacer noche en Nîmes seguimos atravesando la Provenza hasta llegar a Montecarlo. Unos 300 kilómetros separan ambas ciudades, aunque la autopista los hace más llevaderos. La llegada al Principado de Mónaco impresiona. Al salir de la autopista hay varios kilómetros de descenso por carretera con atascos, podrás aprovechar la espera para ver la ciudad desde una altura considerable. Edificios de más de 30 pisos, estrechas calles que bajan en curva hasta llegar al puerto, el lujo y el horror.

Es impresionante sí, pero también extremadamente agobiante. Puede que esté condicionada por el hecho de haber estado en julio -había olvidado lo horrible que es viajar en julio y agosto, cuando todo está lleno de turistas-, pero en esta ciudad no hay un hueco para respirar. Hay que aprovechar bien el poco espacio para dar alojamiento a todos los que quieren vivir o, al menos, pasar el verano en Montecarlo. Cientos de edificios apelotonados, atascos por cualquier callecita… Junto al puerto donde se encuentran los lujosos yates, una enorme piscina con toboganes y trampolines.

Hay que subir al Palacio del Príncipe para tener una buena panorámica de la ciudad y disfrutar de la historia de los Grimaldi -si se quiere- y, como no, acercarse al famoso Casino de Montecarlo, rodeado de los mejores coches y las tiendas más exclusivas.

Llamativo, sí, pero con verlo una vez he tenido suficiente.

Aquí las fotos.

Próxima parada… Cinque Terre, Italia!!

À très bientôt!

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